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    Gabriel García Marquez, sus letras, su música: El Vallenato

    Cuando se abren las hojas de un libro y comienza el lector a designar imágenes en su mente, el cerebro comienza a comprender el significado de cada garabato que plasman sus páginas, contemplando así, en la sublimidad de su imaginación, proyecciones que en algún momento evoca, por ejemplo, a mariposas amarillas revoloteando por doquier, un barco alejándose de la orilla, percibimos olores de almendros, sentimos el sangrado que deja huella en la nieve, hasta nos hace acariciar el sentimiento más profundo, como cuando la tristeza empaña a un corazón solitario, o cuando el amor se acaba.

    Si comprendemos algunos de estas escenas habremos leído algunas vez a Gabriel García Márquez y quizás nos hizo dilucidar o soñar frente al amor eterno, realizar conjuros y exorcizar demonios; llorar por heridas que dejan las abuelas desalmadas, tratar de construir una cultura Latinoamericana, reivindicarse con la realidad colombiana, sentir nuestro caribe, nuestra tierra y sus costumbres, la majestuosidad de sus paisajes, él nos muestra a un pueblo con empuje; y a través de esas letras nos invade de música, nos deja caer en el romanticismo de un bolero; en la alegría de una puya o en el sonido de un triste acordeón.

    Y es ese, el instrumento protagonista de la música vallenata, a quien Gabo define: “Hay dos cosas que no puedo separar en mi obra: mi interés por el vallenato y la documentación por mi libros. (…) el vallenato ha sido siempre un género narrativo. Desde sus orígenes, lo que el vallenato ha hecho ha sido siempre contar historias reales. (…) El vallenato siempre está remitiendo a la realidad. Ella es su servidumbre. Éste es su destino.”2

    Gabo, Nunca dejó de mencionar el vallenato, en sus escritos, aquel aire caribeño colombiano que al oírlo suena a murmullo de mar, en un día de sábado a la madrugada y festejado con una cerveza en la mano, este género musical es un ritmo que evoca ritmo, poesía y fiesta, pero a otros –a quienes disfrutamos de la literatura- nos repiquetea como un canto que Gabriel García Márquez compuso en un libro de 350 páginas, el vallenato que llamó Cien años de Soledad.

    Gabriel García Márquez, es el autor Colombiano más célebre y quien en gran medida ha universalizado el concepto de Realismo Mágico, concepto que a muchos de los escritores revelaciones de este Boom literario, emblematizaron al arraigar las costumbres de sus países, parafraseando y creando sus novelas en otros lugares del mundo, ellos, quien fueron exiliados de sus países por diversas circunstancias como, Julio Cortazar, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, hicieron de sus obras literarias el mayor legado de la literatura Latino Americana y elogiaron a sus países con más de un premio a su narrativa.

    García Márquez fue uno de ellos, abandonó Colombia en 1955 por voluntad propia, cuando Colombia se encontraba bajo el gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla, desertado de su heredad emprende vuelo a otro lugar de la tierra, deja amigos, sueños, ideologías, su afianzado periodismo, pero jamás la hervor patriótico, que llevaba de su país, de su pueblo caribe, de su natal Aracataca.

    La retórica que Gabo utiliza nos cautiva, crea mundos con autentica democracia, sus palabras inherentes a todo el sentir como escritor, nos persuade; su lectura profunda y mordaz nos obliga a pensar, a retomar la definición de la categoría literaria “realismo mágico”, -corriente literaria que, superando el positivismo y las propuestas del realismo anterior-, plasma un nuevo sentido literario, la narrativa fantástica, que surge en el siglo XX, y que demuestra la preocupación de los autores con el acontecer diario y la conjugación de la fantasía abismal y descomunada que impartía la cultura de un pueblo.

    Gabriel García Márquez, no se desprende de su cultura caribeña, la vive, la siente, se desvive por ellas, se va de su Colombia, de su Aracataca, no vuelve, pero la lleva en la sangre, se emancipa, vuela tras sus sueños, que se reflejan en sus obras, sus novelas vibran al compás de su música, blues, boleros, óperas y por su puesto la música de acordeones. Si fuera ineludible comprobar su pasión por la música, no sería necesario hablar con él sobre ella, su pasión por ella, la escribe con profundo sentimiento y arte de escribir, la plasma en sus libros. La música para él, es la fuerza que empuja la mano de en escritor. Indiscutiblemente para Gabo tiene vital importancia, en sus libros se destacan las palabras cursis para entonar como el amor -convida al bolero, anuncia la majestuosidad y la elegancia de la ópera, pero es el vallenato que lo consagra, él lo critica, lo interpreta la evoca:

    “Si el vallenato suena a balada ranchera, no es vallenato del bueno, es necesario tener oído atento y cantar con libertad, para no entrar en confusiones de algo que de vallenato solo se lleva el nombre de un escondido acordeón”.3

    Lo afirma: “el vallenato estuvo durante mucho tiempo encerrado en la provincia entonces, a lo más lejos que se llegaba era a la Zona Bananera de Santa Marta, pero la región de Valledupar era una región que tenía vida propia, que se bastaba a sí misma (…) Durante mucho tiempo, entonces ese vallenato se conservó, no digamos muy puro, sino sin cambios. Sin cambios, porque no había cambios en realidad. Pero una vez que la región se abrió y el país se volvió esta cosa compleja que es hoy, es natural que el vallenato se ramifique y origine distintos estilos y tendencias. 4

    Gabriel García Márquez, no se intimida al escribir, así como tampoco lo hacen nuestros juglares vallenatos, incitando al amor como lo hace un romancero ensoñador que invita a la gracia del coqueteo, bien lo hace en su libro “El amor en los tiempos del cólera”, Florentino Ariza, quien enamorado de Fémina Daza, se refiere siempre a ella con la expresión de su “Diosa Coronada”; lo que recuerda la letra de la canción que lleva su mismo nombre,

    […] Cuando el rey llega de tarde
    que mira el jardín florecido
    Cuando la diosa mueve el caderaje
    se pone el rey más engreido
    Y llega la mirá con anhelo
    y dice gracias le doy al cielo
    que viva alegre en la sabana
    ya tiene su Diosa Coranada
    Que canta el pobre Leandro Díaz
    triste por la serranía[…]5

    Sus novelas pronuncian al igual que los vallenatos, ideas colmadas de elegías, cantos llenos de nostalgia, que comparándolos con nuestros juglares al compás de caja, guacharaca y acordeón, brindaban a sus presentes recordaciones de pasajes de su vida, los viejos cantaban y tocaban creando cultura, una cultura musical, de la cual García Márquez la verbaliza, la detiene entre líneas, la transforma en su arte, – la literatura- y cuya pasión por el vallenato la involucra en su sentir como escritor, y así la recuerda desde niño:

    “En Aracataca, donde tenía la pasión de que me contaran cuentos, vi muy niño al primer acordionero, de los que salían de la provincia, contando las noticias de su región. Yo recuerdo a haberlo visto la primera vez, por que era un viejito que estaba sentado en una especie de feria que había en Aracata, y tenía el acordeón puesto en el suelo al lado de él y yo no sabía que cosa era esa y me quedé esperando hasta que de pronto él sacó el acordeón, y ahí conocí el acordeón. El hombre comenzó a contar una historia y para mí fue una revelación: cómo se podía contar historias cantadas, cómo se podía saber de otros mundos y de otra gente a través de una canción. Después descubrí la literatura y me di cuenta que el procedimiento es le mismo6

    El Nobel Colombiano embruja a cualquier lector, sus palabras están precisas en los momentos en que la historia así lo quiere. El tiempo parece detenerse y al así mismo correr tras las eventualidades en el transcurrir de la vida, en la cotidianidad de los días, en una circunstancia; esto, pone al lector entre los preceptos y los desordenes de la vida y poco a poco lo sumerge en los avatares de la música con la cual, lector y autor no dejan de jugar, es uno de los muchos detalles con los que Gabo, deja divagar la mente de quien lo lee, definitivamente embruja a quien conoce de vallenato. La forma en que expresa sus vivencias o inspiraciones, hace de su literatura un camino para fusionar la profundidad de sus letras junto con la lírica, al contenido de la realidad imaginada, es este realismo mágico, que aplicado a su arte, -la literatura- hace de ello una crónica que va de lo maravilloso a lo rea, como decía, preguntándose, quien fue considerado como uno de los impulsores de esta corriente, el cubano Alejo Carpentier, ¿Qué es la historia de América Latina, sino una crónica de lo maravilloso en lo real? …

    La realidad colombiana y el contexto histórico del caribe los describe en sus obras, nos deja ver temas como el amor, la violencia, la soledad, el folclor, no sin dejar a un lado la música vallenata que no solo emblematiza a la región caribe, sino a toda Colombia, a ese país que detalla en sus letras, muestra de ello, podemos leer la escena del libro Cien años de soledad, en la uno de los Arcadios, se encuentran en plena repiquetería de acordeones, situación que enmarcan las vicisitudes de la cultura del caribe colombiano, episodios que seguramente dejaron huella en su niñez y juventud, episodios que después los dejaría por escritos.

    Varias historias fueron basadas de los relatos que le contaba el padre de uno de sus mejores amigos: el Maestro Rafael Escalona –juglar vallenato y máximo exponente de la música de acordeones- quien su padre, el General Clemente Escalona se detenía en las tardes hablando y contando sus historias a Gabo, éste quedaba pasmado con los cuentos que le narraba sobre la guerra de los mil días o la matanza de la bananeras en el Magdalena, cuando terminaban la plática, García Márquez y el Maestro Rafael Escalona, emprendían sus hazañas de hombres jóvenes mujeriegos filitreando a las niñas de la región, Rafael lo hacia a su modo, componía canciones en cuatro versos, mientras Gabriel, con un estructura culta y literaria procedía a la escritura, así llegaban a varios puntos en común, el amor, las mujeres y la música vallenata; muchas veces se reunían con otros artistas y escritores a tomar cerveza y a despejarse de la cotidianidad de la vida, llegaba a un lugar llamado “La Cueva”, allí se escuchaba vallenato, -por supuesto- y se dialoga sobre la fruición de la vida y de cómo cada uno tenia la forma de percibirla:

    “A Escalona, contaba Gabo, le sacaba las tripas pidiéndole que le contara como hacía las canciones, y cuando le presentaba una nueva, él le decía: “Hombre, que vaina tan buena” y después la estaba cantando mejor que él. Sin duda alguna, el oído de Gabriel era prodigioso, pero nos quedaríamos mejor con sus letras.7 García Márquez, en una dedicatoria a Escalona decía: ”Para el Hombre que más admiro en el mundo”, cosa que a Escalona no le agrado la forma de recibir el cumplido, ya que pensó que lo que decía, estaba escrito en un lenguaje macondiano, o –mamándole gallo, mejor dicho-, a lo que le respondió García Márquez: lo que quiero explicarte en realidad, es que admiro a aquellas personas que saben hacer las cosas bien hechas y que yo quisiera hacerlas tan buenas como tú, por ejemplo, ser capaz de componer vallenatos.”8

    Cuando gana el Premio Nobel de literatura en 1985, viaja a Estocolmo para recibirlo pero antes, le pide al Maestro Rafael Escolana que lo acompañe con una comitiva de amigos, entre ellos los Hermanos Zuleta, -unos de los interpretes más importantes de la música vallenata- en el que por supuesto, el acordeón en aquel país fue el centro de atención, no de igual manera que el galardón recibido esa noche, que era el premio de premios para su compadre, Gabo.

    La música condecora la manera de escribir y de vivir su vida, la influencia de Bartok, el sonido del blues, los boleros y los más de mil discos que pone para dar rienda suelta a su imaginación y concluir en un libro, son importantes a la hora de medir el corazón, el pensamiento y traspasarlos en líneas para dar respuestas a sus tantas revoluciones literarias; sin embargo y como él mismo lo dice: “Creo que más que cualquier otro libro, lo que me abrió los ojos fue la música, los cantos vallenatos” 9

    Comprendemos en nuestro contexto social cachaco, que la música vallenata es pura ramplonería, un poco de gente alborozada que se deja llevar por la cerveza y el ron, solo se sabe de este ritmo que, incursionó hace poco en la capital bogotana, y que internacionalmente lo lanzó Carlos Vives, el vallenato es el sentir de un pueblo que se congratula con la vida, que se apasiona por el mar, que corona a sus mujeres, pero pocos sabíamos que nuestro premio Nobel, lo acoge, lo transforma, lo hace suyo con solo parpadear los ojos, imaginar como soñaban cantando nuestros juglares y que después de una rítmica literaria, sus libros se imprimen, el lector entonces evoca a esa Colombia musical y mágica, la Colombia que se vislumbra como un Macondo enigmático, que da a conocer su cotidianidad, que me hace construir una casa en el aire, y en sus albores mariposas amarillas jugueteando en el amanecer, y el sonar a los lejos un acordeón escondido… arruga mi corazón y caigo víctima una vez más de su realismo mágico.

    Gina Milena Rodríguez Sarmiento

    Bibliografía
    1. GUTIERREZ, HINOJOSA. Tomás Dario. En: Vanguardia Dominical. (Oct-Dic) 1999.
    2. SAMPER, Adlai Stevenson. El vallenato en tiempo de difusión. En: Huellas Universidad del Norte No. 67. p. 55 – 64. 2003
    3. COBO BORDA, Juan Gustavo. Lecturas Convergentes. Bogotá: taurus, 2006. p. 134 -135
    4. FLOREZ SIERRA, Carlos. Gabo y la música con variaciones. En: Cambio (feb 26) 2007
    5. STORNELL GARCÌA, Nicola. En: El Herlado de Barranquilla. (sep – 7) 1997
    6. ESCALONA, Rafael. En: Semana (Mar -5) 2007. p. 81
    7. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Cien años de soledad: Bogota: Norma. 2004. p 350.
    8. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Del amor y otros demonios. Bogotá: Grupo Editorial Norma, 1994.
    9. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Amor en los tiempos del cólera Bogotá: Norma, 2004

    Comentarios

    Comentario por JOSEPH
    Fecha: abril 13, 2008, 6:37 pm

    SOLO QUIERO UNA CANCION CON UN SOLO INSTRUMENTO

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