La vida es como una rosa

Nos plantan en un jardín lleno de seres como nosotros. Algunos en nuestro mismo estado, otros un poco más maduros, otros cerca de su final. Pero lo importante del gesto es que no elegimos venir al mundo: Otros eligen por nosotros, poniéndose como objetivo nuestro cuidado y formación plena, para tratar que seamos la rosa más hermosa y mejor cuidada de todo el jardín.

Pero para llegar a esos ideales, necesitamos un cuidado muy intensivo, dedicado y especial. Solos no podemos cuidarnos, necesitamos a alguien que nos riegue, que le importe nuestro estado, que nos forme y, por sobre todas las cosas, que nos acompañe. Cuando uno es pequeño y tiene ansias de madurar muchas veces se olvida que nunca podrá crecer y planificarse si no fuera por los que lo acompañan.

Después empieza en nuestro ser una de las etapas más bellas de la vida: El florecimiento, o mejor dicho adolescencia. En ese momento nos creemos los reyes del mundo, y nos lo llevamos por delante. Recién empezamos a formar los pétalos y ya nos comparamos con las rosas florecidas y maduras del jardín: Nos creemos más maduros de lo que somos, creemos poder afrontar cualquier situación, pero en realidad no vemos que estamos siendo protegidos por la misma mano que nos cuido durante nuestro crecimiento.

La próxima etapa de nuestra vida es la de mayor plenitud. Ya mostramos nuestros pétalos, y con el mejor color que se pueda ver en el jardín. Somos la rosa más bella de todas! Pero empezamos a notar que la mano que nos cuidaba ya no nos atiende como antes, sino que se empieza a interesar en las pequeñas semillas que comienzan a florecer. Es en ese momento en el cual nosotros debemos mostrar quienes son los que mandan, los que más se destacan.

Pero cuando nos queremos dar cuenta, Nuestros pétalos comienzan a caerse, y nuestro color empieza a ser más oscuro y envejecido. Sin tomar conciencia, nuestra vida se esta terminando. Y es en ese momento cuando valoramos a las manos que nos plantaron y regaron durante nuestra vida, las manos que nos trajeron al mundo, nos cuidaron y nos hicieron florecer. Se caen nuestros pétalos, nos avergonzamos pero vemos que los demás responden de otra forma hacia nosotros: Con respeto y admiración. Y empezamos a admirar a las semillas que comienzan a crecer y a las rosas que recién están mostrando sus pétalos, y a darles consejos: “Aprovechen la vida y sepan llevarla adelante. Disfruten cada minuto, y no se arrepientan de nada de lo que hacen, porque no hay tiempo para arrepentirse. Disfruten cada hora, porque no hay tiempo de más”

♫ Manal – No hay tiempo de más ♫

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